Tren del (inter)cambio

Un Domingo temprano. Parecía ser cualquier otro día del fin de semana.
Había un sol mañanero. No es tan fresco, ni hacia calor. Estaba en un punto medio perfecto para cualquiera.
El tren sonaba. “¡Ding, ding, ding!"
Algunos se apuraban a subirse. Otros lo hacían sin mucha molestia; personas diferentes, con vidas diferentes 

Román, un mochilero. 20 años, cabello corto y castaño; de unos ojos marrones oscuros y una pequeña barba. 
Se subía al tren sin preocupaciones. Su estilo de vida, le permitirá poder relajarse a donde fuera; se enfocaba en el hoy, no el después.
Entraba, caminando hacia un asiento. Se sentaba solo y se acomodaba, casi cerraba los ojos. — Al fin aquí... - Expiraba. — Serán unas 6 horas de viaje. Me alcanza para dormir —. Sonreía plácidamente, mientras se estiraba ligeramente.
A su costado, pasaban 3 mujeres. Él miraba particular a la que parecía más joven. De cabello Rubio platinado, aunque ella no le devolvía la mirada.

Mirna, una mujer mayor. De 44 años, cabello largo y ondulado. De un color rubio no muy intenso. Un cuerpo bastante generoso, incluso para su edad. Vistiendo De forma estricta, no dejando ver prácticamente nada y, aún asi, su cuerpo y figura se marcaba bastante. Tenía una mirada algo fría mientras subía al tren. - ¡Vamos! ¡Suban, chicas! —. Alzaba la voz a un par de mujeres que veían con ellas. 
— ¡Eso estoy haciendo, mamá! — Le respondía, refunfuñando. María, 25 años. Hija mayor de Mirna. Su cuerpo era menos generoso. No parecía haber heredado ese toque de su madre. Tenía buena figura, sí, pero ni de lejos la misma que su madre. De su progenitora, heredó el carácter; uno fuerte y que, por eso mismo, generaba números roces con su madre.
Una vez María subia, era seguida por una muchacha similar a ella. Tenía rasgos similares, claramente eran familia.
Perdona, mamá... —. Casi susurrando para no molestar. Subía a pasos lentos, mirando hacia todos lados. Lucía algo nerviosa y tímida. 
Su postura era algo erguida y encorvada. 
Ella era Maia, de 18 años. Los acaba de cumplir hace unos pocos días. 
Tenía el pecho grande y un trasero bastante firme y notorio. Aunque vestía con prendas holgadas para no destacar mucho.
Su cabello era de un rubio platinado que pasaba solo por unos centímetros su hombro.
Está familia, madre y dos hijas, había ido a celebrar el cumpleaños de la menor con otros miembros. Hoy estaban volviendo.
Las tres mujeres pasaron varios asientos. Llegaron hasta casi el final del vagón donde decidieron reposar.
María se sentaba, dejándose caer. Esbozaba mucha seguridad. Su hermana, Maia, se sentaba justo enfrente de ella.
 Me encanta sentarme frente a la ventana. ¿A ti, no? — Preguntaba María a su hermana, mientras le sonría 
— Si... A mí también — Con su voz aguda y su tono bajo, como de costumbre. Respondía 
— ¿Que dijiste? — María se acercaba más, haciendo contacto visual directo con su hermana. Sonría con algo de malicia.
Ehhh... Yo... Yo tam-... — Maia apartaba la vista. Estaba ya algo roja. Su corazón latía cuando la miraba de frente.
Mirna finalmente se sentó. Lo hizo a lado de Maia, quedando también de frente a María.
— No molestes a tu hermana —. Decía ella. Con su tono autoritario de costumbre, mientras le daba un ligero golpecito en la cabeza a María.
La chica hacia un gesto de enfado — Tsk... —. Miraba hacia otro lado, alzaba la vista viendo a los demás pasajeros.

Un señor, claramente se veía su edad. Taylor, de 48 años. Ya con entradas y no mucho cabello. Sus ojos se veían cansados. Entraba sin mucha presencia.
— Ufff... Lastima estás vacaciones acaban tan pronto — Pensaba para sí mismo. Caminaba con cautela hasta llegar a su asiento.
Se sentaba despacio — Uggh, mi espalda... — Se quejaba un poco. Se estiraba un poco para aliviarse. Sus ojos se cerraban levemente. Ya no parecía tener fuerzas para nada. 
Se acomodaba en su asiento. Lanzaba su cabeza hacia atrás, apoyándola al respaldo para relajarse. Habría un ojo discretamente, mirando a su lado.
Pasaba una jovencita. No se veía muy mayor 
— Podría ser mi hija... — Decía para sí mismo.

Está jovencita subía al tren en solitario. Candela "Candy", de 15 años. Se movía con cierta seguridad. Con una mochila/maleta.
Tenía el cabello castaño y largo, atado en forma de dos coletas a los lados. 
Vestía de forma sencilla. Una remera de tirantes y un shorts de jean. 
 Al fin voy a ir a la ciudad. Es una pena despedirme de mis amigos, pero es una oportunidad de estudiar que nunca volveré a tener... — Caminaba mirando al frente, sin detenerse hasta llegar a su asiento. Una vez allí, levanto su maleta y casi la arrojó al lugar
 ¡¡Aagghh!! — Luego de gritar. Llamar la atención de los demás pasajeros y no importarle lo más mínimo, se sentaría. — ¡Que incómodos son estos asientos! — Seguía hablando en voz alta, sin importarle el resto. Apoyo su cabeza sobre la mochila, acostándose en el asiento. 
 Solo unas horas más... Y estaré en la gran ciudad — Apretaba su puño confirmeza mientras sonreía.

Al mismo tiempo, dos amigos se subían diciendo tonterías sin pudor.
Asher, de 22 años, con una apariencia algo desalineada. Con el cabello largo, pero atado a una coleta y usando una sudadera negra. Parecía divertirse y reír de cualquier cosa que le dijera su amigo. 
Por otra parte, Tristán, de 25 años. Se veía con mucha confianza; peinado, una camisa algo ajustada que mostraba sus músculos.
— Te digo. Me la re cogí. Era re fácil esa chica — Se burlaba mientras contaba. 
Sí, se nota. Parece que siempre tenés suerte con las mujeres — Le respondía.
 Imagínate. Hasta un virgo como tú seguro tendría oportunidad con ella — Se reía. A esto, Asher respondía solo con una sonrisa incómoda. — Sí, sí... Tal vez — Se llevaba la mano a la nuca mientras miraba hacia otro lado.
Tristán, mientras llegaban a sus asientos, miraba a todos los pasajeros. Veía a las 3 mujeres sentadas juntas. Sonreía. 
Llamaba la atención de su amigo, dándole golpecitos con el codo. 
 Mirá, mirá. Son dos. Una para cada una. — 
 No sé... — Respondía. Más cauteloso — Esa mujer da algo de miedo — Le decía a Tristán mientras miraba a la madre. Ella, Mirna, notando una molestia. Voltearia a ver, haría contacto con Asher. Una mirada afilada provenía de la mujer; era claro, una advertencia.
Asher, quien era más precavido, notó esto. Y solo se sentó sin decir nada más.
— ¿No vas a venir? — Preguntaba Tristán. Todavía parado, apoyándose un poco en el respaldo del asiento. 
 No, no. Mejor hoy no. Quiero disfrutar el viaje —
Tristán hacia una mueca y empezaba a alejarse — Cagón — Soltaba mientras caminaba.

Tristán llegaba dónde las 3 mujeres. Colocaba su brazo sobre el asiento y se inclinaba un poco.
— ¿Qué tal, señoritas? ¿Disfrutando la vista? — Les decía. Mostraba mucha seguridad; una sonrisa y palabras claras.
La señora Mirna giraba la cabeza lentamente a mirar hacia donde el joven.
Maia solo volteaba los ojos con discreción
(¿Eh? ... Es un chico muy guapo...) — Decía en su cabeza.
— Bueno. ¿Qué tal? — María, con su porte más seguro inclinaba un poco la cabeza hacia el chico. — ¿Buscabas algo particular? — Habia cierta picardía en sus palabras.
A quien busque divertirse un rato, claro — Respondía Tristán, con un tono que imitaba el jugueteo de María.
— ¡Ejem! — Interrumpía Mirna. — Si no se te perdió nada, te pido que te vayas —. Sus palabras eran claras y concisas.
Maia, al escuchar eso, solo volteaba la vista hacia la ventana nuevamente. María se quejaba un poco, haciendo una expresión de fastidio y revoloteaba sus ojos.
— Bueno, señoritas. Cuando mamá no esté, pueden venir conmigo — Le guiñaba a María. Ella sonría. Mirna le daba un golpecito. 
¡Compórtate! — Le regañaba su madre.

Cerca, Taylor, escuchaba todo. 
— Estos jóvenes... No tienen ni idea —. Decía para sí mismo. Hablaba en un tono bajo.
Quieren todo deprisa — Mientras se estiraba y colocaba su mano en su espalda.

Por otro lado, Román, que también llegó a escucharlo, solo sonreía. De hecho, parecía divertirle. — Bueno... — Mantenía la cabeza reposando en el asiento. — Así son las cosas. A veces ganas y a veces pierdes —.
Cerraba los ojos, preparado para dormir. Suspiraba con tranquilidad.

Candy, recostada en el asiento y usando su mochila de almohada, parecía ya estar totalmente dormida. No estaba al tanto de los sucesos.

Así Tristán regresa a su asiento. Junto a Asher.
 ¿Viste? Parece que las dos quieren conmigo, ¡Ja, ja, ja! — 
Sí, parece... — El reía con algo de timidez. Mientras volteaba hacia otro lado.

El viaje continuó. El tren avanzaba con su ritmo constante, el traqueteo suave de las vías acompañando el viaje. Afuera, el paisaje rural comenzaba a dar paso a zonas más montañosas. Román ya estaba casi dormido en su asiento. Mirna observaba por la ventana con su habitual expresión seria. Candy tenía la cabeza apoyada en su mochila, sus pies se movían con impaciencia. Los demás conversaban en voz baja o simplemente descansaban.
De pronto, el vagón empezó a oscurecerse. El tren se acercaba a un túnel largo.
Ah, mirá… — murmuró María, asomándose un poco.

Las luces interiores parpadearon una vez. Dos veces. Y luego se apagaron por completo. El vagón quedó sumido en una oscuridad total, solo interrumpida por el ruido metálico de las ruedas sobre las vías.
Durante esos segundos de negrura absoluta, algo pasó.
Nadie supo explicarlo. Fue como un mareo repentino, un zumbido en la cabeza, una sensación extraña que recorrió todo el cuerpo. Como si el mundo se hubiera volteado por un instante.
Y entonces… el tren salió del túnel.
La luz del sol volvió a inundar el vagón.
Y todo había cambiado.

Candy parpadeó, confundida. Intentó moverse y sintió algo raro. ¿Su espalda… ya no le dolía?. De hecho, se sentía liviana. Miró sus manos: pequeñas, suaves, con uñas pintadas. Bajó la vista y vio dos coletas castañas cayéndole sobre los hombros. Unos shorts de jean y una remera de tirantes.
¿Qué… qué carajo…? — dijo con una voz aguda y juvenil, se llevó las manos a la garganta y boca al notar que no era la suya.
Se levantó de golpe, demasiado rápido para su viejo cuerpo. Se tocó la cara, el pecho, las piernas. Una sonrisa incrédula empezó a formarse en su rostro.
¡Estoy… joven! ¡No me duele la espalda! ¡Puedo moverme! — exclamó, dando un pequeño salto en el pasillo.

Tristán, en cambio, estaba petrificado en su asiento. Miraba fijamente sus manos delicadas. El cabello rubio platinado le caía sobre los ojos. Sintió un peso extraño en el pecho. Bajó la mirada lentamente y vio dos senos firmes marcándose bajo la ropa holgada de Maia. Su corazón latió con fuerza.
No… No puede ser… — murmuró con una voz suave y aguda que le heló la sangre. Se tocó el rostro, las caderas, el trasero redondeado. — ¡Esto no es mío! ¡¿Qué mierda me pasó?!
Su cara se puso completamente roja.
Asher estaba sentado muy quieto, respirando agitado. Sentía su cuerpo… pesado. Generoso. Miró hacia abajo y vio un escote pronunciado, un cuerpo maduro y curvilíneo. Levantó una mano y vio uñas cuidadas y anillos. La mano de Mirna.
…Mamá… — susurró aterrado, usando la voz autoritaria de Mirna sin querer. Se llevó las manos a la boca, horrorizado.

Román, ahora en el cuerpo de María, se pasó una mano por el cabello rubio ceniza más largo. Miró sus piernas, su figura. Soltó un suspiro largo.
Vaya… — murmuró con la voz de María, sorprendentemente calmado—. Esto sí que no me lo esperaba.—

María, atrapada en el cuerpo de Román, se miró las manos grandes y masculinas. Se tocó la cara con barba incipiente y soltó un gruñido de furia.
¡¿Qué carajo es esto?! ¡¿Quién mierda me hizo esto?! —
Taylor, en el cuerpo de Candy, seguía probando sus nuevas articulaciones, moviendo los brazos y saltando levemente en su lugar.
¡Esto es increíble! ¡Me siento como si tuviera veinte años otra vez! —

Candy, en el cuerpo de Taylor, se levantaba y se asomaba desde el respaldo, mirando incrédula.
¿¡Que demonios!? — Casi gritaba. Haría una expresión de fuerte confusión al escuchar su voz más gruesa y algo ronca. Cuando intento ponerse de pie, tan rápido como lo habría hecho en cualquier momento. Algo la detuvo. Se encorvo rápidamente y se llevó su mano a la espalda.
Uuuuhhhghhg... Que dolor... — Se quejaba. La espalda. Sentía un fuerte dolor en la espalda y el cuerpo en general.

El vagón entero empezó a llenarse de murmullos y exclamaciones. Los ocho se miraban entre sí, reconociendo en los ojos de los demás la misma confusión y terror.
Asher (en el cuerpo de Mirna) fue el primero en hablar con voz temblorosa pero autoritaria:
Chicas… quiero decir… todos… ¿qué está pasando aquí?

CONTINUARÁ 

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Espero les guste está historia.
Sí, es larga.
Sí, no hay nada sexual todavía.
Lo entiendo, lo entiendo.
Sé perfectamente que la mayoría busca contenido erótico/sexual. Es solo que... Me pareció muy genérico hacer algo como eso.
Yo vengo de una escuela que prioriza los diálogos y los vínculos de los personajes, antes que lo conflictos. Preferí intentar trasladar ese toque "slice of life" de algunos animes para darle una mejor caracterización a los personajes. 
¡Espero les guste! Si escribó una segunda parte, habrá contenido sexual allí.

- Koba -

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