Tren del (Inter)cambio #3
Las tres volvieron a sus asientos con pasos todavía inseguros. María (en el cuerpo de Román) se dejó caer pesadamente, cruzando los brazos sobre el pecho. A su lado, Mirna (en el cuerpo de Asher) se sentó con la espalda encorvada, como si intentara ocupar menos espacio. Maia (en Tristán) se acomodó enfrente, mirando sus manos grandes con desconcierto.
Por un momento solo se escuchó el traqueteo constante del tren.
— Esto es una locura… — murmuró María con esa voz grave que aún no terminaba de reconocer como suya—. Ese idiota de Tristán se está divirtiendo demasiado con el cuerpo de Maia.
Se llevó las manos a la cara. Tocando su rostro y rascando la barba pequeña que ahora tenía.
— ¡Ugh! Esto se siente tan... Mugroso —
Mirna (en Asher) suspiró profundamente.
— Por ahora solo podemos intentar mantener la calma. Nadie hace nada raro. — Miró a su hija menor—. Maia… ¿cómo te sientes?
Maia levantó la vista. La voz grave y masculina de Tristán contrastaba fuertemente con su tono tímido habitual:
— …Rara. Todo es demasiado grande. Y pesado. — Bajó la mirada un segundo hacia su entrepierna. Había un bulto allí muy notorio y se sonrojó. Acomodó sus piernas e intento cubrirlo con sus manos —. No sé cómo hacen los chicos para ignorar esto todo el tiempo.
María hizo una mueca de desagrado y miro hacia su propia entrepierna.
— Es horrible. Se levanta solo cuando quiere y no sé cómo hacer que se calme.
Se quedaron en silencio. El peso de la situación empezaba a asentarse: estaban atrapadas en ese tren por varias horas más, con cuerpos ajenos y sin respuestas.
Mientras tanto, unas filas más adelante…
Taylor (en el cuerpo de Candy) no podía quedarse quieto. El hombre de 48 años, ahora dentro de la adolescente de 15, se movía con una energía desbordante: se tocaba las coletas, se levantaba, volvía a sentarse, sonreía sin parar.
— ¡Esto es increíble! — exclamó con voz aguda y llena de entusiasmo—. ¿Te das cuenta? ¡Puedo moverme sin dolor! ¡Mira!
Dio un pequeño salto en el pasillo y aterrizó con facilidad, riendo como un niño.
Desde su asiento, Candy (en el cuerpo de Taylor) lo observaba con envidia y fastidio. Tenía la espalda encorvada y una mano presionando la zona lumbar. Cada respiración le dolía.
— Cállate… — gruñó con la voz ronca y cansada del hombre mayor—. Esto es un tormento. Me duele todo el cuerpo. ¿Cómo puedes vivir así?
Taylor (en Candy) se acercó y se sentó en el apoyabrazos, mirándola con esos ojos grandes y juveniles. Puso una mano sobre el hombro de Candy.
— Pobrecita… ¿Quieres que te ayude con la espalda? Sé exactamente cómo se siente. Durante años pensé que nunca más podría moverme con esta libertad.
Candy lo miró con una mueca de dolor y resignación.
— No me toques. Y no te acostumbres a ese cuerpo. Esto tiene que volver a la normalidad… tiene que hacerlo.
Taylor solo sonrió, mirando por la ventana.
— Yo, la verdad… no tengo tanta prisa.
Reía un poco. A vista de cualquiera, era una niña actuando como niña.
Mientras seguía moviéndose con esa energía inagotable cuando de pronto se detuvo. Cruzó las piernas con fuerza y puso una expresión extraña.
— Eh… Candy — dijo con esa voz aguda y juvenil, un poco incómodo—. Creo que… tengo que ir al baño.
Candy levantó una ceja, todavía encorvada por el dolor de espalda.
— ¿Y? Ve. El baño está al final del vagón.
Taylor se removió en el asiento, apretando los muslos. Su rostro juvenil se puso ligeramente rojo.
— Sí, pero… es que… — bajó la voz, avergonzado—. Nunca había tenido que orinar como chica. Y además… este cuerpo es muy pequeño. Siento que si no voy ya, me voy a hacer encima.
Candy lo miró por un segundo y soltó una risa ronca y amarga, aunque le dolió la espalda al hacerlo.
— Bienvenido a mi vida, abuelo. Yo tuve que aguantar quince años de esto. Ahora te toca a ti.
Taylor apretó las piernas con más fuerza y empezó a moverse de un lado a otro en el asiento, claramente desesperado.
— ¿Y cómo… cómo se hace? O sea… ¿me siento? ¿Cómo apunto? ¿Y si me mojo la ropa? — Su voz aguda sonaba cada vez más nerviosa—. Este short es muy corto y…
— ¡Ay, por Dios! — Candy se pasó una mano por la cara, frustrada—. Te sientas. Apuntas hacia abajo naturalmente. No es tan complicado. Pero date prisa, porque si te meas en mi cuerpo, te juro que te mato.
Taylor se levantó de un salto, pero al dar el primer paso, casi tropieza con sus propias piernas más cortas. Caminaba de forma rara, con las rodillas juntas, moviendo las caderas de manera involuntaria. Varias personas del vagón lo miraron con curiosidad.
— ¡No me mires así! — le susurró Taylor a Candy mientras avanzaba por el pasillo—. Ven conmigo. No quiero hacer esto solo.
— ¿Qué? ¡Ni loca! — respondió Candy, aunque terminó levantándose con dificultad, quejándose por el dolor de espalda—. Está bien, está bien… pero solo hasta la puerta. Esto es humillante.
Los dos caminaron hacia el baño del vagón. Taylor (en el pequeño cuerpo de Candy) iba adelante, dando pasos cortos y rápidos, con una mano discretamente presionando entre las piernas. Candy (en el cuerpo alto y cansado de Taylor) lo seguía lentamente, encorvada y maldiciendo por lo bajo.
Cuando llegaron a la puerta del pequeño baño, Taylor se detuvo y miró a Candy con ojos suplicantes.
— ¿Y si… no sé cómo limpiarme después? ¿O si me caigo del inodoro? Este cuerpo es tan… frágil.
Candy suspiró, apoyando una mano en la pared del vagón.
— Entra, siéntate y haz lo que tengas que hacer. Es más fácil de lo que crees. Yo… te espero aquí afuera. Y ni se te ocurra contarle esto a nadie.
Taylor dudó un segundo más, visiblemente nervioso, pero la urgencia ganó. Abrió la puerta del baño y entró. Cerró la puerta. Candy se quedó afuera, apoyada contra la pared, sacudiendo la cabeza con una mezcla de diversión y resignación.
Desde adentro se escuchó la voz aguda de Taylor, murmurando:
— …Esto es más complicado de lo que parecía…
Una vez allí, el viejo se quedó parado un segundo. Aún estaba nervioso de lo que iba a hacer, pero si vejiga lo traicionaba y obligaba.
Algo ruborizado, desabrochó el short. Lo bajo. Intentó no mirar mucho, pero una vez con las prenda abajo, notó las bragas que traía puestas.
— Son rosadas y con moñito — Se susurró. — Igual que las de mi hija. — Se comenzó a reír, pero intentando bajar la voz todo lo que pudiera.
— Bueno... Aquí vamos. — Sin pensarlo mucho, bajo su ropa interior. Quedó un poco atónito al ver su nuevo sexo al descubierto.
— Ni un pelo. Nada. Es hasta un poco adorable esto... —. Entonces se sentó. Se removía un poco en el asiento, sin saber cómo hacerlo en primer lugar. Hasta que entonces un chorro comenzó a salir. Una expresión de alivio se marcaba en el rostro infantil de Candy habitado por Taylor. Podría verse hasta como una cara obscena, de mucho placer.
Sus manos se había dirigido directamente a sus muslos, mientras los apretaba sin darse cuenta.
Una vez que acabo, soltó una suspiro de alivio. Casi extasiado.
— ¿Y ahora que debería hacer? ¿Cómo me limpió? —
Cruzo sus brazos. Y miro hacia un costado. Entonces, su vista se dirigió hacia abajo.
Llevo sus manos a su vientre. — Es bastante suave. — Palpaba su propia barriga. — Oh... No había notado que traía sujetado —. Lentamente una mano, subió hasta. Subía por debajo de la ropa, hasta acaricia uno de sus senos. Con su mano allí, apretó muy ligeramente. — Supongo que es por tiene poco pecho y no le hace falta. —
Su respiración se agitaba sin darse cuenta. Acariciaba su vientre y su pecho. Entonces, tomó más iniciativa y levantó totalmente su remera. Se vio casi al completo desnuda.
— Uuuuhh... Esto es nuevo. — Se miraba así mismo sorprendido, con las manos sosteniendo su remera por encima de su pecho. En un instante se la quitó y la arrojó.
Una sonrisa de perversión que no era propio de la Candy original, se marcaba en su rostro.
— Bueno, hagamos esto rápido. Y después salgo —
Empezó a masajear su pecho. Lo hacía lento al inicio. Una vez que se acostumbro, aumento la fuerza y velocidad con la que lo hacía. Un muy pequeño gemido salía de su boca. Entonces, casi sin aviso, se detuvo y pellizco uno de sus pezones. Una mezcla de dolor y placer llenó su cuerpo. Casi como una descarga, haciendo que curve su espalda.
Continuó. Y continuó masajeando y pellizcando con fuerza. Luego de unos segundos de solo jugar con la parte superior de su cuerpo, bajo la vista y tan rápido como lo hizo, una de sus manos. Justo antes de tocar, se detuvo un segundo.
— ¿Debería...? —. Un momento de tranquilidad para su cuerpo, que duró poco. — Si debería —. Mientras hacia una mueca de sonrisa un poco maliciosa. Entonces, algo por encima, comenzó a frotar su nueva entrepierna. Lo hacía en círculos, con algo de torpeza.
Del otro lado, Candy todavia esperando. Lucía algo nerviosa y con un poco de molestia.
— Ese viejo... — Se decía a si misma. — Se está tardando mucho... —.
De pronto, comenzó a escuchar un pequeño sonido agudo del otro lado que llamaba su atención. Apoyo una oreja sobre la puerta para intentar oir con claridad. Era su voz. La de su cuerpo, sonaba agitada. — ¿Que está pasando? —. Abrió la puerta despacio. Asomándose tímidamente. — ¿Oye, terminaste? —
Hasta que fijo su vista en el frente, en el inodoro. Dónde estaba Taylor en su cuerpo. Se quedó paralizada.
Taylor también levantó la vista cuando Candy entró. La escena era totalmente surreal.
Aquella "niña", con las piernas abiertas. Totalmente desnuda. Con una mano en su pecho, sosteniendo un pezón y con dos dedos metidos dentro de su sexo.
Ambos se quedaron fijos mirándose. Hasta que la expresión de Candy cambió a una de enojo.
— ¡Viejo de mierda! ¡¿Que haces con mi cuerpo?! —
Aquel grito que se escuchaba, llegaba hasta donde estaba los dos amigos. Tristán, que seguía sin poder soltar su cuerpo y sus nuevos atributos, no podía evitar notarlo.
— ¿Que estará pasando? — preguntaba. Su amigo, Asher, sentado justo a lado de él, seguía retorciéndose un poco en su nuevo y voluptuoso cuerpo. — No sé... — intentaba responder. No reconocía su propia voz aún, así que intentaba ser corto en sus palabras.
— ¿Bueno, y? — se sumaba Román, que estaba en el cuerpo de María. — ¿Qué les parece esto? Yo no sé, pero creo que me gusta —. Miraba sus manos. Se fijaba en sus delicadas uñas; cuidadas y algo decoradas. Sonría mientras lo hacía. — Si tenemos que quedarnos así, que pase. Eso sí... —. Se abría de piernas, similar a la postura que tendría un hombre al sentarse. En esta posición, su falda no cubría lo suficiente y dejaba ver su ropa interior. De color blanco, unas bragas de corte alto que no dejaban nada a la imaginación. — Intenten no llamar la atención de las chicas —. Terminó y apunto en dirección a las 3 mujeres sentadas juntas. Cuando Tristán y Asher voltearon, María los miraba eufórica. Enojada. Mirna, por su parte, tenía una expresión de desaprobación y disgusto. Maia, seguía tímida; no volteaba en sí mismo, solo miraba discretamente.
El viaje en Tren continuaba. Y continuaría algunas horas más. Escucharon, al unísono, la bocina del tren. “En unos minutos, haremos una parada de 15 minutos...“ Y todos sabían que, en esta posición, no podría ser nada bueno.
------------------------------------------------------------------------
Espero que les esté gustando esta historia. Aún sabiendo que no me estoy enfocando al 100% en el "sexo". Aunque sin dejar de lado las escenas más eróticas.
¡No se pierdan el próximo episodio, donde habrá mucho más fanservice!
Sin imágenes no dan ganas de leer
ResponderEliminarMe vas a tener que disculpar, pero buscar imágenes para cada cosa es aburridisimo xC
EliminarPrefiero centrarme en la narración y explicación.
Si solo quieres ver imágenes o gif, hay cientos de páginas porno para ello <3
No lo digo con mala intención, pero con imágenes vas a llamar más la atención de los lectores, aunque sea una o dos no vendrían mal
EliminarBuen blog, sigue así, no hagas caso a comentarios malos.
ResponderEliminar<3
Eliminar