La Amiga Estupenda 4

Habían pasado unos días desde que Lucas descubrió que podía saltar entre los cuerpos de Abigail ("Abby") y Agnes con facilidad. La rutina en la casa se había vuelto un juego constante para él. Durante el día, alternaba entre ambos cuerpos, disfrutando del poder absoluto que tenía sobre la familia de Anthony.

EN EL CUERPO DE ABBY, EN LA ESCUELA

Abby caminaba por los pasillos de la facultad con una falda más corta de lo habitual. Lucas, dentro de su mente, sonreía mientras sentía las miradas de los estudiantes. Se sentó en una banca del patio, cruzó las piernas lentamente y dejó que la falda se subiera un poco más.

(Esto es demasiado divertido) — pensó Lucas. — (Todos creen que la dulce Abby se ha vuelto una puta en celo)

Sacó su teléfono y, sin importarle quién pudiera verla, deslizó una mano por debajo de la falda. Sus dedos encontraron la humedad entre sus piernas y comenzó a frotarse con movimientos lentos y deliberados. Un gemido suave escapó de sus labios.

Un compañero de clase pasó cerca y se detuvo, sorprendido.

Abby... ¿estás bien? —preguntó, con la voz entrecortada.

Ella levantó la mirada, con los ojos vidriosos de placer, y sonrió.

Sí... solo estoy un poco... caliente —respondió con voz ronca, sin detener el movimiento de su mano.

El chico se sonrojó y se alejó rápidamente, pero no sin antes mirar varias veces hacia atrás. Lucas rio internamente y continuó hasta que un orgasmo discreto la recorrió. Se lamió los dedos con lentitud, sabiendo que varios estudiantes la habían visto.

EN EL CUERPO DE AGNES, EN EL TRABAJO

Agnes estaba en su oficina, supuestamente revisando documentos. Lucas había elegido un vestido ajustado que marcaba sus curvas maduras. Cerró la puerta con llave, se sentó en su silla y abrió las piernas.

(La mamá perfecta ahora es una pervertida) — pensó con satisfacción.

Bajó la mano y comenzó a masturbarse abiertamente, imaginando cómo Anthony se enteraría después. Sus gemidos llenaban la oficina mientras introducía dos dedos en su vagina húmeda.

Dios... qué rico se siente este coño maduro —murmuró en voz alta.

Una compañera de trabajo llamó a la puerta.

Agnes, ¿todo bien?

Sí, cariño. Solo... resolviendo unos asuntos personales —respondió ella, jadeando ligeramente, sin dejar de tocarse.

Continuó así durante varios minutos, alcanzando el clímax con un gemido más fuerte de lo necesario. Luego, se arregló la ropa y salió como si nada hubiera pasado, con una sonrisa pícara.

Los días transcurrían entre estos episodios. Por las noches, Lucas alternaba entre los dos cuerpos en la misma casa. Hacía que Abby y Agnes se tocaran de forma "juguetona" frente a Anthony, quien observaba impotente desde su habitación.

Mierda... Lucas... Asqueroso pervertido... — Pensaba. Molesto. Repudiando y asqueado de cada acto de quién fue su amigo.

Al día siguiente, sabado, llegó Laura, una amiga cercana de Agnes desde hace años. Era una mujer de unos 36 años, atractiva, con cuerpo voluptuoso, cabello castaño y una personalidad alegre y confiada. Venía a tomar un café y ponerse al día.

Agnes (Lucas) la recibió con un abrazo más prolongado de lo normal, presionando sus pechos contra los de ella. Aparte de su claro acto de perversión, aprovecho los segundos para leer los recuerdos de su recipiente y saber quién era la mujer que tenía enfrente

Laura — Hizo una pausa. Después de un segundo, continuó — qué gusto verte. Te ves increíble —dijo Agnes con voz cálida.

Gracias, Agnes. Tú también. ¿Todo bien en casa?

Conversaron en la sala durante un rato. Lucas, en el cuerpo de Agnes, fue acercándose poco a poco. Rozaba su pierna contra la de Laura, le tocaba el brazo con cariño y le hacía cumplidos cada vez más insinuantes.

Sabes, Laura, siempre he admirado tu cuerpo. Eres tan sensual... —comentó Agnes, mirándola a los ojos.

Laura se rió, algo nerviosa pero halagada.

Ay, Agnes, qué cosas dices hoy.

Poco a poco, la conversación se volvió más íntima. Lucas sugirió subir a la habitación para "probarse ropa". Una vez allí, Agnes cerró la puerta y se acercó a Laura.

Sin decir mucho más, la besó con pasión. Laura se sorprendió al principio, pero no se resistió. Sus manos comenzaron a explorar los cuerpos de la otra.

Agnes le quitó la blusa a Laura, revelando sus pechos grandes y suaves. Bajó la cabeza y chupó uno de sus pezones con avidez.

Dios, Laura... tus tetas son deliciosas —murmuró Agnes.

Laura gemía mientras sus manos bajaban por la espalda de Agnes. Se tumbaron en la cama y continuaron besándose, frotando sus cuerpos. Lucas hizo que Agnes se colocara encima, frotando su coño húmedo contra el muslo de Laura.

Pronto, los dedos de Agnes entraron en el sexo de Laura, moviéndose con experiencia. Laura arqueaba la espalda y gemía fuerte.

¡Agnes! ¡Qué... qué estás haciendo! Pero no pares... —exclamaba entre jadeos.

Lucas disfrutaba cada segundo. Lamió el clítoris de Laura con dedicación, llevándola al orgasmo una y otra vez. Laura quedó exhausta, temblando sobre la cama, con el cuerpo cubierto de sudor.

En ese momento, Lucas abandonó el cuerpo de Agnes y pasó al de Laura.

Laura abrió los ojos, ahora controlada por Lucas. Se levantó, miró a Agnes (que ahora estaba semiinconsciente, recuperándose) y sonrió.

Perfecto. Un nuevo juguete.

Laura bajó a la sala donde Anthony estaba sentado, mirando su teléfono con expresión tensa. Se acercó lentamente, con la blusa aún desabrochada.

Anthony, cariño... —dijo con voz seductora.

Él levantó la vista y se sorprendió al ver a Laura en ese estado.

—¿Laura? ¿Qué... qué pasa? — Casi se quedó paralizado al ver el estado en el que estaba la mujer.

Ella se sentó a su lado, muy cerca. Deslizó una mano por su pierna hasta llegar a su entrepierna.

Mira lo que tu mamá y yo hicimos arriba... —susurró, mientras comenzaba a frotar su polla por encima del pantalón.

Anthony se tensó, pero no pudo evitar excitarse.

Para... esto no está bien...

Lucas, en el cuerpo de Laura, rió suavemente.

Oh, sí que está bien. Y si no cooperas, puedo lastimar a Abby y a Agnes. ¿Quieres ver cómo las hago sufrir?

Mientras hablaba, bajó la cremallera de Anthony y sacó su pene erecto. Comenzó a masturbarlo con movimientos lentos y expertos, apretando justo como sabía que le gustaba.

Vamos, Anton... córrete para mí. Sé un buen chico.

Anthony gemía, luchando contra el placer. Laura aceleró el ritmo, usando su otra mano para tocar sus bolas. Finalmente, él eyaculó con fuerza, manchando la mano de Laura.

Buen chico —dijo ella, lamiéndose los dedos—. Esto es solo el comienzo.


Los días siguientes continuaron con la misma rutina pervertida. Lucas saltaba entre Abby, Agnes. Hacía que las dos mujeres se comportaran de forma cada vez más descarada en público y en casa. 

Abby se masturbaba en clase, Agnes en reuniones de trabajo


Una noche, en la sala de la casa, Lucas decidió mostrar su nuevo poder.

Abby y Agnes, ambas a la vez, se acercaron hacia donde estaban a Anthony. De repente, y sin decir una sola palabra, se acercaron la una a la otra y comenzaron a besarse apasionadamente. Sus lenguas se entrelazaban, sus manos recorrían los cuerpos de la otra con deseo. Gemían mientras se tocaban los pechos y frotaban sus caderas.

Anthony las miraba confundido y horrorizado.

¿Qué... qué está pasando? ¡Mamá! ¡Abby! ¡Deténganse!

Agnes (con Lucas dentro) se separó un momento del beso, con los labios hinchados y brillantes.

Tranquilo, Anthony —dijo con una sonrisa maliciosa—. Mis habilidades siguen creciendo. Ahora puedo dejar pequeñas partes de mí en los cuerpos que poseo. No los controlo directamente todo el tiempo... pero puedo influenciarlos. Hacer que sientan deseos, que actúen de cierta forma.

Abby, aún bajo la influencia, sonrió y volvió a besar a su madre con más intensidad. — Mami... Sigue besándome —

Anthony palideció al darse cuenta de que esto apenas comenzaba.


CONTINUARÁ

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